MÁS ÉTICA, MÁS DESARROLLO: PROPUESTAS PARA UNA ECONOMÍA ORIENTADA POR LA ÉTICA

CUARTA PARTE
PROPUESTAS PARA UNA ECONOMÍA ORIENTADA POR LA ÉTICA
Falacias usuales
La primera falacia es la que opone la política económica a la política social.  Lo único importante sería la política económica. La social sería una especie de concesión a los políticos para que puedan armar sus clientelas electorales. En consecuencia, lo relevante es sólo la política económica y la política social pasa a ser la cenicienta: pocos recursos, desjerarquizada organizativamente, no tiene papel en la toma de decisiones, vulnerable. El camino correcto debería ser inverso al de la falacia: integrarlas.
La política socieconómica  tiene altos impactos macroeconómicos porque rehabilita las capacidades productoras de muchísimas personas que sin una ayuda crediticia mínima no podrían ingresar en los circuitos productivos y al mismo tiempo tiene importantes efectos sociales.
Segunda falacia para descalificar a la política social  o a un programa social hay una palabra de moda en la Argentina. Eso es “asistencialismo”. El asistencialismo aparece como opuesto a políticas estructurales, a políticas que crean trabajo, oportunidades productivas.
El llamado asistencialismo es en realidad un mandato ético. Mandato ético que viene desde los orígenes de la civilización. Además ayudar urgentemente es decisivo, porque la pobreza produce daños con frecuencia irreversible.
No hay ninguna incompatibilidad entre ayudar ya y al mismo tiempo tratar de generar oportunidades de trabajo, es un falso dilema. La habilidad de una política social virtuosa está en tratar de hacer ambas cosas integradamente. En lograr ayudar y al mismo tiempo generar capacitación, habilidades, acceso a la tecnologías de producción básicas y a crédito.
Una tercera falacia es la que opone Estado y sociedad civil. Pareciera que el tema social es del presidente del país, o de Cáritas, que hay que optar en una dirección o en otra. En las sociedades más exitosas del mundo, hay un equipo Estado más sociedad civil. Hay altísimos niveles de articulación actualmente.
El voluntariado significa muchas cosas en una sociedad significa poner en el centro de la mesa el principio de solidaridad. Las organizaciones voluntarias y las fundaciones empresariales buscan a su vez la articulación estrecha con las políticas públicas para poder potenciar su propio esfuerzo.
La antinomia Estado-sociedad civil es también falaz. Otra falacia es considerar a los pobres como un objeto y no un sujeto (los típicos programas para los pobres). Los éxitos mayores en política social no son los programas para los pobres, sino son los que creen en los pobres y los dotan de cierto poder.
Ejes de una política social renovadora
Ejes esquematizados para una política social diferente. En primer lugar, las políticas públicas deben tener un rol fundamental, por eso se menciona la idea de políticas socioeconómicas. En segundo lugar, las políticas públicas deberían ser descentralizadas, en tercer lugar una política social renovada significa generar redes y alianzas. Tiene que haber concertaciones entre las políticas públicas, la responsabilidad social empresaria, el voluntariado y otros sectores de la sociedad civil.
Se necesitan gerentes éticos
Ciertamente los valore éticos deberían enseñarse desde los primeros estadios educativos, en el ámbito familiar y al sociedad toda debería jerarquizarlos  y cultivarlos. Haberlo hecho así es parte de la explicación principal de por qué un país como Finlandia es el líder mundial de la tasa de Transparencia Internacional, no tiene corrupción y lo mismo sucede con el bloque de países nórdicos (Noruega, Suecia, Dinamarca e Islandia). Sin embargo, la responsabilidad de las escuelas o facultades donde se preparen gerentes es clave.
América Latina tiene graves problemas en este campo. Junto a la conocida corrupción en sectores públicos, son innumerables los casos de corrupción corporativa. No se trata de dicta una materia más que se llame ética, la enseñanza de la ética debe transversalizarse. En cada área temática deben examinarse dilemas e implicancias éticas. También debe generarse una agenda de investigación sobre las dimensiones éticas de las políticas económicas y de las prácticas gerenciales. Asimismo la universidad debe hacer extensión activa sobre estos temas al medio. La cuestión no se resuelve sólo con Códigos de ética que después tengan cumplimiento limitado. La universidad debe estar a la cabeza de una acción colectiva de amplios alcances para reforzar la formación y los valores éticos de profesionales cuyas decisiones pueden influir tanto en la vida de sus pueblos.
En las bases de nuestra civilización, en la Biblia se halla el mensaje de que la conducta de los seres humanos debe estar regida en todas sus instancias por la ética. Se expresa en los diez mandamientos entregados por la Divinidad. En América Latina es imprescindible afirmar los valores éticos como reglas de vida esenciales para el desarrollo, la democracia, la convivencia y la plenitud personal.
Es posible construir una economía con rostro humano
¿Es viable una economía con rostro humano? ¿Es viable en América Latina? ¿O es simplemente un ejercicio de buenos deseos? Creemos que es viable. Es viable construir una economía con rostro humano por varias razones, aunque ello desde ya es complejo y en cada realidad será diferente. Primera razón: la gran esperanza es el proceso de democratización de América Latina que tiene idas y vueltas, pero que va avanzando significativamente. Segundo, se puede construir porque lo más básico el contrato ético entre los ciudadanos está a salvo. El contrato social, el contrato entre los representantes y la ciudadanía está resquebrajado. Una de las razones centrales son los altos niveles de desigualdad. La desigualdad es ilegítima, sin embargo está a salvo el contrato ético, el contrato entre las personas en la base de la sociedad.
La combinación entre democratización, políticas públicas responsables y solidaridad crea una gran capacidad de construcción nacional. Una última acotación: hay esperanza en la región pero para que la esperanza tenga una vía abierta es necesario volver a reunir a la ética con la economía. En la realidad la única economía que tiene sentido es, como lo planteó el Papa Juan Pablo II, la regida por valores éticos, porque la economía es un instrumento, debe ser eficiente pero al servicio de determinados parámetros. Se debe medir por lo que genera en términos de oportunidades para los jóvenes, en la erradicación de la desnutrición, en el aumento de la esperanza de vida, en el acceso a salud y educación, esos son los indicadores últimos para saber si la economía realmente está funcionando.
Se podrá decir: “Pero esto de la economía orientada por la ética es un poco utópico”. No lo es. Cuando se les pregunta sobre la causa de sus éxitos, los países nórdicos suelen hacer referencia la presencia en la economía de los valores éticos y culturales. Ésta es la fuerza que tiene la ética, no la tiene sólo en estos países, las bases de nuestras culturas latinoamericanas, nuestras creencias religiosas, espirituales, filosóficas, el ejemplo de nuestros libertadores, nuestras culturas indígenas, tienen un fondo cultural presidido por esos valores. Ha llegado el momento de rescatarlos.